Como todo en la vida, la transacción de dinero está sujeta a distintos imprevistos. Es por eso que tanto entidades financieras como empresas deben conocer las consecuencias negativas que ciertos eventos podrían tener en la gestión de sus recursos. En resumen, un riesgo financiero es la probabilidad de un evento adverso y sus consecuencias. En esta ocasión, queremos hablarte de 3 tipos de riesgo a los que todos los negocios están expuestos:

Riesgo de liquidez

En términos simples, la liquidez es el dinero del que disponemos. De ahí que el riesgo esté relacionado a la insuficiencia de fondos, aún cuando existan activos y la predisposición de venderlos o comprarlos por una de las partes contractuales para asumir sus obligaciones.

Se pueden distinguir dos tipos de riesgo de liquidez:

a. Liquidez de activos: un activo, como un auto, no puede ser vendido debido a factores como la falta de liquidez en el país o en el mercado.

b. Liquidez de financiación: no se pueden cubrir los pasivos, como deudas o pago a proveedores, en su fecha de vencimiento o por su totalidad.

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Como ejemplo, supongamos que una empresa posee un edificio donde funcionan sus oficinas y debido a causas externas, está en constante pérdida. A pesar de tener un activo (el edificio), la compañías no tiene dinero para cumplir con sus obligaciones patronales porque nadie quiere comprar este inmueble. Esta situación deviene en la falta de pago de 3 meses de sueldo a sus colaboradores y proveedores. Ellos afrontan un riesgo de liquidez.

 Riesgo de crédito

Ocurre cuando una de las partes de un contrato financiero no asume sus obligaciones de pago de acuerdo a lo estipulado. Cuando los pagos de una cuota o préstamo se retrasan o incumplen, los prestamistas pueden tener problemas como la disminución del flujo de dinero, la pérdida de intereses, entre otros.

Riesgo operacional

Se produce por la propia naturaleza de una empresa o negocio. Aquí se pueden detectar factores relacionados a la ética y productividad de los empleados. Por ejemplo, si se contrata a alguien deshonesto, podrían haber robos en caja, corrupción u otros que alteren las cuentas proyectadas de la compañía e incluso su reputación.

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Evita trabajar con personal que te proponga negocios deshonestos.

 

Si bien los riesgos no pueden evitarse, sí se pueden minimizar con una planificación y evaluación apropiada de la rentabilidad que nos genera cada transacción económica.

  1. Prevé el futuro: ¿conoces los cambios del mercado o de tu competencia? Infórmate bien para que puedas tomar las mejores decisiones de negocio y te mantengas a flote.
  2. Mide tus resultados: evaluar el trabajo y las inversiones de forma permanente te permitirá replantear tus estrategias comerciales.
  3. Cuentas claras: desde el principio, administra el dinero de manera ética y profesional. Si tú no sabes mucho sobre números, contrata a alguien que sí sepa y pueda evaluar los riesgos así como invertir el dinero de forma inteligente.
  4. Protege tus activos: recuerda que los seguros son una inversión ante la incertidumbre.

Los riesgos están latentes en cualquier actividad, lo importante es estar atentos para que se puedan superar.

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